Ser como los demás puede atraerte, pero no vende

Hoy toca hablar de diferenciación.

Cuando era niña, Isabel vivía en una casa un poco especial.

Era un piso antiguo, donde cada habitación tenía unas baldosas diferente. Sin calefacción, con techos altos y cientos de puertas.

Yo lo vi cuando ya era una ruina, pero era una pasada.

Sin embargo, a ella no se lo parecía.

De pequeña, ella soñaba con vivir en una casa normal. Que estuviese en una comunidad de vecinos enorme, con zonas comunes y piscina. Y decorada de IKEA, a ser posible.

Lo deseaba tanto que una vez soñó que se mudaba a una casa así, su padre le regalaba una minicadena y ella escuchaba los 40 principales.

Lo normal, lo estándar, lo insípido. Eso es lo que ella deseaba.

¿Por qué?

Pues porque era una niña. Y era lo que veía alrededor en la mayoría de la gente. Y era lo que creía que “debía ser”.

Con los años, la cosa cambió.

Ahora aprecia mucho haber vivido en esa casa tan rara y especial.

Es algo que me parece muy curioso, pero creo que le pasa a la enorme mayoría de gente. Aunque no sean conscientes de ello.

En los negocios, que es lo que nos importa aquí, se ve muy a menudo.

Gente que ve la web del vecino, con su diseño insípido y sus frases insípidas… ¡y quiere exactamente lo mismo!

Creen que es lo que funciona, lo que debe ser. Y su web se convierte en una comunidad de vecinos estándar, en una casa decorada toda de IKEA que provoca indiferencia.

Solo con atreverse un poco…

Sí, eso bastaría.

Ver un poco más allá y atreverse a ser diferente.

 

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