Por qué mi abuela sería una pésima vendedora

El otro día fui a visitar a mi abuela.

Está delicada de salud, así que hace meses que ha limitado mucho sus salidas a la calle y reuniones con gente.

Por la pandemia y eso.

Que ella es colectivo de riesgo y no puede arriesgarse a pillar el bicho.

Así que, para verla, vamos nosotros a su casa.

Pero tampoco lo hacemos de cualquier manera. Tomamos todas las precauciones habidas y por haber.

Nada de besos.

Tampoco abrazos, claro.

Algunos se quitan los zapatos en la puerta (yo de eso me olvido siempre).

Entonces nos sentamos en el salón, a 2 metros de distancia y con la mascarilla puesta. Y así pasamos las horas hablando con ella.

Sí, yo también creo que ve demasiado las noticias…

En fin.

Créeme, a ella con eso le basta.

Hablar es lo que más le gusta del mundo a mi abuela.

Escuchar, no tanto.

Si le cuentas algo, es muy probable que te conteste con una anécdota suya o te contradiga con lo que ella piensa, que suele ser lo contrario.

Me hace mucha gracia.

Con todo el amor que le tengo como nieto que soy, mi abuela es lo que yo llamo una “superadora de anécdotas”.

Pero bueno, que todo está bien porque ella disfruta de un rato de compañía, de contar batallitas y escucharlas (para lanzar sus dardos a continuación), y yo disfruto de estar con mi abuela.

Estando en su casa el otro día, me vino una idea a la cabeza:

Mi abuela sería una pésima vendedora.

¿Por qué?

Si estás en mi lista desde hace tiempo ya me habrás oído decirlo, pero hablar demasiado es muy malo para vender.

Cuanto más hablas, más fácil es que te digan que no o que surjan objeciones.

Escuchar, en cambio, es muy bueno.

Te permite conocer a la otra persona y entenderla.

Y eso te da una ventaja enorme a la hora de vender, porque sabes por dónde puedes atacar.

Por eso, la investigación es parte esencial del copywriting.

Porque para vender necesitas saber cómo es y cómo piensa el cliente. A partir de ahí ya puedes empezar a pensar lo que le vas a decir.

Y nada de superar anécdotas ni de sacar pecho, eh.

Lo que hay que hacer es hablarle de sus problemas y preocupaciones. Y de cómo tú puedes ayudar a solucionarlos.

 

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